Por Irene Gimenez Rojo
Hace ya un mes que comenzó mi experiencia Erasmus y, aunque al principio estaba bastante nerviosa, puedo decir que está siendo una etapa muy especial para mí. Salir de mi zona de confort, dejar atrás mi rutina y adaptarme a un lugar nuevo no ha sido fácil, pero también me está ayudando a crecer muchísimo tanto personal como profesionalmente.
Los primeros días fueron una mezcla de emociones. Todo era nuevo: la ciudad, el idioma, las costumbres e incluso la forma de trabajar. Al principio me sentía un poco perdida, especialmente porque tenía que acostumbrarme a estar lejos de mi familia y mis amigos.
Aun así, el hecho de haber venido con dos amigas de clase ha hecho que todo sea mucho más fácil. Vivimos juntas y eso me da mucha tranquilidad, ya que nos apoyamos entre nosotras y compartimos esta experiencia desde el principio. Además, trabajo con una de ellas, lo que también me ha ayudado bastante a sentirme más cómoda y segura en el entorno laboral.
Este primer mes también ha sido una auténtica montaña rusa de emociones. Hay días en los que me siento súper feliz, orgullosa de mí misma y muy independiente, y la verdad es que esa sensación me encanta porque siento que estoy creciendo muchísimo como persona. Pero también hay momentos más difíciles en los que echo mucho de menos mi casa, mi rutina y a los míos, y me gustaría no estar tan lejos de ellos. Creo que es algo normal cuando vives una experiencia así, porque aprendes a valorar todavía más a las personas que tienes cerca.
La ciudad me ha sorprendido bastante. Tiene un ambiente diferente al que estoy acostumbrada y eso hace que cada día descubra algo nuevo. Me gusta pasear por sus calles, conocer sitios nuevos y ver cómo vive la gente aquí. Además, estoy aprovechando para probar comidas típicas y aprender más sobre su cultura. Creo que una de las mejores cosas del Erasmus es precisamente eso: abrir la mente y aprender a ver las cosas desde
otra perspectiva.
En cuanto a las prácticas de la F.C.T., al principio estaba bastante insegura porque no sabía si sería capaz de adaptarme al ritmo de trabajo ni de comunicarme correctamente. Sin embargo, poco a poco me he ido sintiendo más cómoda gracias a la ayuda de las personas con las que trabajo. Estoy aprendiendo cosas nuevas constantemente y adquiriendo experiencia que seguramente me servirá en el futuro. También estoy mejorando mi capacidad para resolver problemas por mí misma y ser más independiente.
Yo, personalmente estoy realizando mi estancia en una residencia de ancianos llamada RSG, en Oporto. Sinceramente, creo que no hemos podido tener más suerte tanto con nuestros compañeros de trabajo como con los usuarios de la residencia. Desde el primer día nos han tratado muy bien y han conseguido que nos sintamos cómodas y acogidas. Aunque hay días de mucho agobio y cansancio, esta experiencia me está enseñando muchísimo tanto a nivel profesional como personal. Trabajar con personas mayores está siendo algo muy especial para mí y sé que, cuando vuelva a casa, me llevaré a más de unancianito en mi corazón para siempre.
Aunque hay días más difíciles, siento que esta experiencia merece completamente la pena. En solo un mes he aprendido mucho sobre cómo adaptarme a situaciones nuevas y convivir en un entorno diferente. Estoy viviendo momentos que probablemente recordaré siempre y todavía quedan muchos meses por delante para seguir aprendiendo, viajando y disfrutando de esta aventura.
Sin duda, este primer mes de Erasmus está siendo una experiencia inolvidable que me está ayudando a crecer tanto personal como profesionalmente.