Por Carmen Muñoz Baena.

Empezar el Erasmus en Italia siempre parece el plan perfecto, el típico sueño que todos queremos vivir pero mi llegada a Pisa no fue nada perfecta. Nada más bajar del avión y pisar tierra italiana, lo único que me preguntaba era: «¿Y ahora qué?». No eran solo los nervios de estar en un sitio nuevo donde no conoces a nadie, sin tu familia, sin tu gente cercana, era el miedo de no saber qué tenía que hacer.

Al principio, la verdad es que la ciudad me daba hasta miedo. Llegué con un nudo en el estómago después de lo que nos pasó con la estafa del piso. Que te timen y te roben el dinero así, cuando vas con toda la ilusión del mundo, te deja por los suelos y sin ganas de nada.

Ese trauma hizo que se me quitaran las ganas de ir a Pisa, y cada vez que alguien intentaba enseñarnos un piso estaba convencida de que todo el mundo nos la quería jugar otra vez. Todo esto me hizo empezar el Erasmus súper desilusionada y con un miedo que no era normal. 

A pesar de ese disgusto que casi me amarga el viaje, Pisa ha empezado a ganarme poco a poco con su energía. La ciudad es pequeña, pero muy bonita, no es solo la Torre inclinada,  pasear y salir por aquí me ayudó a soltar los nervios y a entender que no podía dejar que unos estafadores me arruinaran los mejores meses de mi vida. La gran ventaja de un sitio como este es que hay muchísimos estudiantes en tu misma situación y te ayuda a ver que, al final, todo se soluciona.

En cuanto a mi puesto en la FEM, ya he empezado y no puedo estar más contenta. Estoy en un centro de día de la Cruz Roja trabajando con personas con discapacidad intelectual. Es un lugar donde se hacen varios talleres cada día de la semana (taller de cocina, gimnasia, manualidades…) Aunque al principio me daba respeto por el idioma, el cariño que recibes de los usuarios y de la gente que trabaja allí es increíble y te hace olvidar cualquier problema.

En conclusión, este comienzo de Erasmus ha sido una auténtica montaña rusa de emociones. Esta experiencia me está enseñando que en la vida te pueden pasar cosas malas, pero lo que cuenta es cómo te levantas y la actitud que le pones cada día.