Por Páris Paez Rueda.
A principios de marzo empecé mi experiencia Erasmus en Lisboa, Portugal. Los primeros días sentí incertidumbre al ser una realidad nueva en un país distinto, con un idioma que no domino y muchas personas desconocidas. Sin embargo, el recibimiento en el centro de prácticas, Casa Pía, fue acogedor y cálido. Todo el equipo de trabajadores son simpáticos y se esfuerzan por entenderme hablando español, por no hablar de las personas usuarias que te reciben con ilusión y se encariñan rápidamente contigo. Además, es importante mencionar que todo se hace más fácil y ameno al haber venido con otras dos compañeras de clase.
En mi período de FEM he tenido el placer de empezar a desempeñar mi función de mediadora comunicativa en las aulas de formación para personas adultas sordas, de apoyo a una de las usuarias. Gracias a los usuarios estoy aprendiendo la lengua de signos portuguesa con mayor rapidez, ya que demuestran interés y paciencia por enseñarme y hacer que nos comprendamos. Siento curiosidad por lo que aprenderé en el resto de áreas en las que trabajaré, como el Centro de Recursos, realizando servicios de mediación; y el Colegio Antonio Aurelio Da Costa Ferreira, donde trabajaré con personas sordociegas.
En cuanto a Lisboa, la ciudad tiene una arquitectura bonita e interesante por su historia, además de una buena gastronomía, como por ejemplo el bacalhau à brás. Caminando por el centro se puede ver el río; los edificios llenos de azulejos y el símbolo cultural de Lisboa por todas partes: la sardina.
Aunque lleve poco tiempo, la adaptación no ha sido difícil y tengo ilusión por las experiencias nuevas que aún me quedan por vivir en los próximos dos meses, que estoy segura que serán muy enriquecedoras tanto para mi futura carrera profesional como para mi crecimiento personal.